Calmando la mente (Parte I)

OBSTÁCULOS FRECUENTES

         Hace seis años tuve un episodio de depresión grave. Sentía que mi mente me controlaba, que los pensamientos pesimistas, tristes, ansiosos y autocríticos estaban dominándome. No tenía dinero para hacer terapia y no sabía a quién pedir ayuda. Vivía en las afueras de un pueblo pequeño muy lejano de amigos y familia. Solía imaginar un día en el que pudiera verlos de nuevo, luego pensaba que iba a ser imposible, que tenía que conseguir un trabajo mejor y ahí comenzaban las críticas: “Es que soy una tonta que nunca se enfocó en su carrera y por eso estoy en esta situación”. Mientras más pensaba así, más energía gastaba y mi humor empeoraba. No sabía cómo seguir viviendo conmigo misma si me iba a atormentar de esa manera.

         La única solución que ideé fue la de leer libros de psicología y budismo para encontrar una solución yo sola. Como resultado de esas experiencias y lecturas, me propuse escribir este texto sobre la paz mental, procurando que sea práctico, accesible, sin vocabulario complicado, ni exceso de citas. Quise escribir el texto que me hubiera gustado leer hace seis años cuando no sabía qué hacer con mis emociones y pensamientos, cuando sentía que mi mente era sólo caos.

         Un primer paso para comenzar el trabajo interior con el objetivo de calmar la mente es familiarizarnos con su naturaleza, sus procesos y sus eventos. Espero hacer justo esto en las próximas páginas y espero también responder a la pregunta de qué hacer con los pensamientos y emociones que sentimos perjudiciales. Un segundo paso es reconocer que no siempre tenemos control sobre los pensamientos ni las emociones, ni de cuándo vienen o se van.

         Por ejemplo, cuando haces la lista de comida antes de ir al mercado y, de repente, piensas en que quisieras no estar tan solo, quisieras tener a alguien con quien hacer diligencias. Esta persona sería amable, le gustaría comer las mismas cosas que a ti. Y de un momento a otro estas perdido en una fantasía. La mente va y viene como quiere sin pedir permiso. Nos lanza a un vacío emocional profundo y nos quedamos sin saber qué hacer con ese sentimiento de soledad y tristeza.

         Pero cuando comenzaste a hacer la lista del mercado no planificaste sentirte así. Nadie planifica un decaimiento emocional. Sólo sucede. Te sientes paralizada de repente, sientes un vacío adentro y, mientras más perdida en tus pensamientos, menos presente estás. Sin darte cuenta, apareces en el supermercado a punto de pagar y no consigues la cartera. ¿Cómo llegaste allí? Prendiste el piloto automático y de pronto, despertaste. Esto sucede una y otra vez. Te distraes durante el día y así pasas semanas, meses y años, sin tener experiencias directas de tu mundo interior.

         Nuestras culturas no fomentan este tipo de exploración. Más bien la desaprueba. Cuando comencé a estudiar estos temas sentí miedo de mi propia mente, de lo que podía descubrir y de aceptar que tenía emociones. Pensaba que tener emociones me hacía dramática. Pensaba que, si mi mente me controlaba, yo estaba, por lo tanto, descontrolada.

         Hay algo de cierto en esto último. Y es que, si la mente nos controla de esta manera, somos esclavos de su búsqueda de placer, de venganza, de ganancia, de éxtasis, de reconocimiento. Si queremos liberarnos de ese dominio mental, tenemos que trabajar en ser más conscientes de lo que ocurre, de lo que pensamos y sentimos[1].

         En las siguientes líneas exploraré los hábitos de pensamiento y las tendencias de la mente. Luego revisaré los eventos mentales que pueden ser más perjudiciales para la paz mental. Y, por último, responderé a la pregunta de qué hacer cuando ellos se presentan.

Imagen de Annabel Petit

OBSTÁCULOS DE LA CALMA MENTAL

La Mente

         Una de las enseñanzas del budismo que fue clave en mi recuperación es muy simple, pero poderosa: que la mente es igual para todos los que la tenemos. Tu mente no es distinta a la de otras personas.[2].

         Todos compartimos los mismos patrones y lidiamos con una cabeza que hace lo que le viene en gana con nosotros. Así funciona la mente y así ha sido configurada. Si queremos cambiarla, tenemos que entrenarnos para pensar de una manera diferente o para no pensar tanto; para usar sus poderes a nuestro favor y no andar por el mundo como una maquina.

         Si nos estamos dando un mal rato porque tenemos una mente desorganizada, obsesiva, que se fija en un pensamiento y se llena de ansiedad o vergüenza, lo mejor que podemos hacer es recordar que no somos diferentes a los demás y que nuestra mente no es la única que funciona de esa manera. Si hay personas que han logrado trabajar activamente con sus facultades mentales, entonces nosotros también podemos. Si todos tenemos el mismo equipo mental, todos podemos cambiar nuestra configuración.

         En vez de torturarnos cada vez que caemos en las jugarretas de la mente, podemos pensar que esa es la mente y que hay maneras de entrenarla.

Los Pensamientos

         El exceso de pensamientos es un obstáculo de la calma mental. Puede ser que nos consideremos una persona analítica, que piensa demasiado. Pero esta narrativa puede hacer más daño que bien.

         Buena parte del entrenamiento que queremos llevar a cabo comienza con un trabajo con los pensamientos. ¿Qué hacemos con los pensamientos que nos llevan por delante?, ¿los ignoramos, los aceptamos, decimos que son sólo pensamientos? Si tienen el poder de hacernos sentir deprimidos, ansiosos, rabiosos, entonces, no podemos subestimarlos. Están llenos de energía. Si no tomamos las riendas de la mente, ella lo hará. No quiero decir que ella es nuestra enemiga, sino que es beneficioso tener un rol más activo en el cuidado de la mente.

         Si bien los pensamientos pueden crearnos niveles de ansiedad extremos, también nos pueden ayudar a crear una perspectiva y una realidad diferentes. Si estamos calmados, tranquilos y emocionalmente estables, nuestro mundo exterior, en general, va a responder de la misma manera. Las personas que nos rodean notan nuestra disponibilidad y apertura. Se hace más fácil conectar con ellas. Mientras que cuando estamos estresados, manifestamos esa tensión en nuestros gestos, palabras y postura. Nos aislamos de los demás y ellos lo ven claramente. Mientras más incómodos y estresados estemos, más incómodos y estresados están ellos. El estado de ánimo es contagioso.

            Entonces, los pensamientos no son sólo pensamientos, no son una tontería, no son “nada”. Pero tampoco son la verdad, no son hechos. La mente no es siempre confiable. Las hormonas, por ejemplo, influyen en cómo pensamos y nos sentimos. También influye lo que comemos, el humor que ya tenemos, si alguien nos rechaza o nos elogia.

         Una concepción usual acerca de los pensamientos es que vienen articulados en frases, cuando en realidad son una energía, una imagen, un detonante. A veces son tan habituales que no los reconocemos como pensamientos, sólo reaccionamos. Mientras más entrenamos la mente, más fácil se hace identificarlos.

En la segunda parte de este texto hablaré de los hábitos de pensamiento y las percepciones.

Hoy añado esta meditación para quien no puede meditar


[1] También de cómo actuamos y nos comportamos en el mundo. A fin de cuentas, nuestros pensamientos y emociones se expresan en acciones y en palabras. Y mientras más nos conozcamos y tengamos una idea del funcionamiento de nuestro mundo interior, podemos actuar mejor en el exterior, tener más control sobre nuestros estados de ánimo, vida ética, trabajo, vida familiar, etc.

[2] Cuando hablo de la mente, incluyo al corazón (como receptor metafórico de las emociones). Es el corazón-mente. Los pensamientos muchas veces son emocionales y las emociones pensativas. A veces los pensamientos son tan habituales que ni siquiera se forman en palabras, sino que activan un tono emocional en nosotros. Solemos separar a la mente y al corazón sólo para hacer distinciones y comprender sus procesos, pero no son dos entes separados. Tampoco son entes en realidad, pero esto me desvía del tema.

En pocas palabras, la mente-corazón es donde aparecen y se procesan percepciones. Allí aparecen y desaparecen los eventos mentales.

6 comentarios sobre “Calmando la mente (Parte I)

  1. Que bello espacio, llego a este rincón gracias a Annabel, mi gran amiga de la vida. Me gustó mucho la meditación “para quién no quiere meditar” y la reflexiones en torno a la mente-corazón vista como un gran bloque. Estaré atenta a las nuevas entradas y meditaciones🙏❤️

    Gracias Mariana,

    Valeria

    Me gusta

  2. Muy interesante el tema , me gustó mucho. Como se dice en el Dhamamapada, hay que atacar a Mara con el arma de la sabiduría. Un ejercicio que me ayuda a veces a calmar la mente es el tractac (trataka). Otras veces me ayuda escuchar meditaciones guiadas como “meditación para los que no pueden medita” :).
    Saludos, Mariana.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s